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domingo, mayo 14, 2006

 

Iglesia, laicismo y minorías laicas



Como respondió Laplace cuando le preguntaron sobre qué posición ocupaba Dios en sus investigaciones, creo que Dios es una hipótesis en todos los efectos innecesaria para describir el mundo que nos rodea. Sin embargo no me gustan, en el sentido histórico y lógico, las críticas que se vierten contra la Iglesia desde diferentes sectores y determinadas minorías; sobretodo no me gustan cuando en un adalid metonímico confunden la Iglesia con ese ser llamado "el Todopoderoso".

Es harto conocido el argumento anticlerical de ir en contra de la Iglesia por todos los crímenes cometidos en su nombre, ¿pero qué postura con miles de años de historia no está realmente libre de crímenes? El estalinismo, una corriente de carácter ateo, masacró, si juntamos todos los países que estuvieron y están dominados por dicho estilo de régimen (URSS y los países bajo su tutela, Corea del Norte, la China maoista, Camboya, Vietnam, Cuba, etc.) unos 80 millones de personas, y tan sólo en 50 años. Con la Alemania nazi, en la cual se instauraron ciertos ritos paganos y el cristianismo fue más o menos apartado (no cuento con las altas instancias eclesiásticas) también se hizo lo suyo, y tampoco son desconocidos los golpes contra la Iglesia y contra personas opuestas al régimen que propinó el Anarquismo y el Socialismo en la España republicana. ¿Ha sido todo ello cometido como resultado de una venganza histórica? Dudo que algo así esté dentro del progreso moral que tanto se adjudicaban ellos en detrimento del de la Iglesia.

¿Pero es que no esperaban encontrar otra cosa como argumento de peso contra dicha institución? La Iglesia, como cualquier otra institución mundana, está compuesta por meros, simples y llanos seres humanos, manejados, igualmente como todo el resto de la humanidad que ha pisado la Tierra en los 2000 años que llevamos de "la edad cristiana", por los mismos avatares de la Historia. Pensar lo contrario sería como pensar que los que constituyen eso que llamamos cristiandad son una especie de superhombres o semidioses con un concepto de la bondad, el amor, la caridad y la misericordia superiores al que poseen el resto de personas que no viven ni quieren vivir bajo la tutela de la Iglesia y su Dios; sería como pensar que son seres además con la rarísima capacidad de actuar en consecuencia a esos supremos valores. Creo que nadie, si exceptuamos o prescindimos del Jesucristo de los Evangelios como un personaje histórico, ha sido capaz de ello.

Del mismo modo, creo que si prescindimos mayormente de los dictámenes promulgados por la Iglesia y nos atenemos solamente al mensaje encerrado en Los Evangelios, resulta lógico pensar que tarde o temprano tendría que surgir una corriente de pensamiento ligada a la Filosofía vital que expresan esos escritos. Y los Evangelios son dignos de que algo así surgiera. Una lectura constructiva de las palabras pronunciadas por Jesucristo nos lleva a pensar que los valores allí promovidos (valores de bondad) son, como digo, dignos de preservación y cuidado; como mínimo, no menos que otras ideas del mismo carácter imaginadas por otras personas, ya sean divulgadas desde una corriente de pensamiento ateísta o no. A partir de aquí, no resulta luego difícil imaginar la corrupción del ideario original de la Iglesia por culpa del poder y sus tentadores posibilidades.

Llegados a este punto, quisiera fijarme también en la actitud de ciertos colectivos de amplio impacto mediático en la actualidad, como por ejemplo el de los homosexuales. En su caso no me parecen atinadas tampoco sus críticas contra la Iglesia. Y no me lo parecen porque es una institución que no va con ellos (a excepción de los gays y lesbianas cristianos y cristianas). ¿Qué demonios les importa lo que les diga a ellos la Iglesia en materia de moral sexual? Entiendo sus críticas, y las comparto, en referencia a las increíbles competencias, ayudas y poderes de los que goza la Iglesia en el Estado y su influencia en estamentos que no van con ella. En este sentido, por ejemplo, me parece horrible la presencia de una asignatura como la religión en las escuelas, por muy privada y concertada que sea (aparte de que un país desarrollado la mera existencia de escuelas privadas y concertadas católicas me parece bastante desconcertante, sobre todo porque la Educación es un derecho básico y no un bien de consumo). También acepto la crítica vertida contra ella en lo que se refiere a la Iglesia como negadora del derecho de los homosexuales a casarse (por lo civil), emparejarse y hacer la vida como les venga en gana, puesto que las personas que viven al margen de ella no han de verse sometidas por algo de lo que se desentienden. Sin embargo, lo que ocurre es que toda esta afinidad ideológica que puedo sentir hacia ellos es la misma que la que siento por el laicismo en su totalidad englobe a gays o no, así que haber hecho este ejercicio de concreción con ellos ha sido un tanto inútil. Por tanto, mi complicidad con los homosexuales en su causa contra la Iglesia acaba aquí.

A lo que voy en definitiva es que lo que es algo que me parece un comportamiento hipócrita, cainita y no ausente de vileza, es que estos colectivos asedien la Iglesia cuando forman parte de ella. Cuando se autodenominan cristianos. Cuando quieren cambiar el cristianismo desde su manera de entenderlo. Y es que últimamente parece que surgen como setas colectivos críticos con la Iglesia pero que sin emabargo forman parte o quieren formar parte de ella. Oigan, el mensaje de Jesucristo es el que es y punto. Acéptenlo o rechácenlo, pero no lo intenten cambiar, especialmente si, profesando su fe en Jesucristo y actuando en consecuencia, lo admiten como su Dios.

Estas nuevas corrientes "cristianas" profesan una visión light de los Evangelios. No aceptan muchas de las consignas que dijo su Dios, Jesucristo, en las Sagradas Escrituras (parece ser que creen tener más razón que el Dios que los creó; vamos, que son más sabios que Él). Como muestra un botón: curas homosexuales y cristianos laicos gays que no se arrepienten de su pecado o que niegan que la homosexualidad lo sea; cristianos laicos que hacen caso omiso del pecado de fornicación y que mantienen relaciones fuera del matrimonio, y que encima critican a la Iglesia de ser carca y de ser incluso anticristiana; y personas que, sin importar que sean cristianas o no, exigen que la fe pertenezca al ámbito privado. Pues bien, para estas personas solamente tengo dos o tres cosillas que decirles: que se lean el Evangelio de pe a pa y que deduzcan que del pecado de fornicación se extrae, por un simple silogismo, que la homosexualidad es un pecado subsumado a aquél (nunca hasta ahora en la historia ha habido matrimonios entre homosexuales, tampoco en la época de Jesucristo, con lo que las relaciones homosexuales que se mantenían habían de ser por fuerza relaciones fuera del matrimonio y por tanto fornicación). También les diría que, si creen en Dios, se atengan a lo que les dictamine su Dios, su ser supremo, y que no intenten burdamente ponerse por encima de él intentando acomodar lo que Él dijo a su manera de pensar (vamos, lo que es el cristianismo a la carta); si Dios dijo para ustedes que copular antes o fuera del matrimonio es vil pecado, no le insulten luego llamándole carca por favor, porque insultáis vuestra propia inteligencia y por ende la mía.

Actuad pues, en consecuencia: cometed apostasía o, si intentáis comportaros como buenos cristianos pero no podéis resistiros ante el pecado como le pasa a cualquier hijo de vecino, arrepentíos buscando su misericordia; que sabéis, por la fe que profesáis en su credo, que la tiene.

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