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domingo, mayo 21, 2006

 

Breve historia de la breve historia del origen del patriarcado


Los orígenes del patriarcado.

No tengo ninguna autoridad, salvo la de ser el autor del blog, para pontificar sobre lo siguiente, pero pensad un momento en esto: ¿Quiénes desde los orígenes de la especie humana son los poseedores del control de la natalidad? Esos seres que la lengua castellana ha dado en llamar mujeres. ¿Quiénes son los poseedores del don de generar nuevos individuos? Esa mitad de la humanidad de pechos protuberantes y caderas anchas (sí, la participación masculina en ese menester es evidente, pero pensad que en la noche de los tiempos, los hombres todavía no acertaban a adivinar que a causa de mantener relaciones sexuales con mujeres se creaban nuevos individuos 9 meses después, es decir, se pensaba que no existía ningún tipo de participación masculina en la creación de descendencia). ¿Quiénes son, siendo verdaderamente francos, quienes escogen a sus parejas? La respuesta es las mujeres de nuevo. ¿Quiénes han sido los poseedores del conocimiento sobre quién y de quién son los descendientes de cada grupo humano, se organice como se organice? Vaya, otra vez me sale que son las mujeres. ¿Bajo qué poder se organizaban en la prehistoria las tribus humanas y a qué deidades se veneraban y por qué? Bajo el matriarcado y a deidades femeninas, y porque las mujeres eran -y son- las poseedoras de esos grandes conocimientos.

Entonces, ¿qué es el patriarcado? Simple y llanamente el recurso al pataleo del varón por no disponer de esas ventajas. En las sociedades arcaicas matriarcales parece ser que no existía el matrimonio y los hijos eran cuidados y cultivados por las mujeres de la tribu o por toda la tribu misma en su defecto, puesto que se desconocía quién era el padre. Ésto, a su vez originaba que las grandes transmisoras y perpetuadoras de la cultura y los saberes cotidianos fueran ellas; el hombre pocas veces y en menor tiempo tendría oportunidad de serlo puesto que su "labor" consistía en la caza, lo que le obligaba a ausentarse del lugar donde se aposentaba la tribu y la prole. En líneas generales, la sociedad matriarcal era una sociedad promiscua y abierta sexualmente (algunos ingenuos la llamarían "libre" sexualmente), no existía la propiedad privada tal y como la conocemos ahora (todo se compartía en beneficio de la tribu), y las mujeres dominaban todo el aspecto religioso y económico como atestiguan las diosas de la fertilidad a las que se veneraba no sólo para obtener el "don" de engendrar hijos sino también para una mayor obtención de alimentos en los campos de las incipientes sociedades agrícolas.

Por lo tanto, y con todo lo dicho, para mí el patriarcado no es más que la historia del hombre -el individuo "hombre", no el género humano en su totalidad- por conseguir adueñarse de algunos de esos secretos tan sutilmente guardados por las mujeres y que la hacían poseedora del poder. El patriarcado no es más que otra lucha de clases que acabó en la creación de los Estados y en el modus vivendi típicamente masculino: guerras, competencia y posesión.

Se supone, mejor dicho supongo, que ese paso del matriarcado al patriarcado se originó debido al descubrimiento de que en efecto el hombre participaba en la generación de la descendencia y que era posible para él por tanto, saber de quién eran los descendientes. Debo apuntar antes en este aspecto, que evolutivamente y genéticamente (no cultural o socialmente) esa situación de ignorancia por parte del hombre podía ser bastante injusta: el hombre, sin saberlo, podría haber estado cazando y poniendo en peligro su vida por alguien que biológicamente le era completamente ajeno; por tanto, poseer esa información era valioso para la perpetuación de sus genes. Esta información, junto con la ayuda de una mayor fuerza física, proporcionaría al hombre el control estricto sobre cómo, qué y con quién debía organizarse cada estamento de la sociedad, en especial el de las mujeres. A partir de ahora ellas ya no podrían mantener esa "injusticia"; los hombres por fin podrían saber por quién estaban empleando o hipotecando parte de su vida y tiempo. Se crearía el matrimonio precisamente para evitar eso; se destronarían las deidades femeninas y se sustituirian por el Dios omnipotente que da la vida. En definitiva, nacería la sociedad organizada tal y como la conocemos ahora.

Sin embargo, a todo esto le queda una variable pendiente que no ha sido cotejada y que parece de imposible ubicación: el amor. Porque el amor, ¿dónde queda?, ¿en las sociedades promiscuas matriarcales o en las posesivas patriarcales? Se me hace difícil comprender que con tan diametralmente opuestas concepciones de la vida y su organización, y que hacen deducir diferencias irreconciliables entre la manera de pensar femenina y la masculina, esté yo vivo en la actualidad escribiendo esta sarta de chorradas. Oh, vaya, sin darme cuenta acabo de ubicar el amor.

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